martes, 7 de agosto de 2012

FUE UN VIERNES MÁS

POR: Javier Bonilla

Era la mañana de un viernes. Nuestro protagonista se despierta como de costumbre a las 5 de la mañana para ir a trabajar. Ese no era un viernes cualquiera. Era el viernes en el que por fin vería a su novia, con la que llevaba 1 año y 3 meses de relación. No la había podido ver en dos semanas por la cantidad de trabajo que ambos habían tenido, además que ambos estaban en finales de la universidad, él de la maestría y ella de la licenciatura. 

Al despertar, gracias a la alarma que ya estaba programada en su celular, se tomó 10 minutos antes de levantarse de su cama para abrir su cuenta de Twitter, lo que se le había transformado en un hábito casi religioso, y leer los titulares mañaneros. La mayoría de los tweets estaban dedicados a una masacre ocurrida en Estados Unidos en una sala de cine durante el estreno de una de las películas más esperadas de la temporada. ¿Qué mente enferma realiza semejante atrocidad?, exclamó en forma de repudio. Se puso su short, t-shirt y tenis para realizar su rutina diaria de ejercicios que consistía en 30 minutos corriendo, 100 abdominables, 50 despechadas y 50 sentadillas. 

Luego de la rutina de ejercicios cocinó su desayuno, preparó el café para él y para su mamá. No había necesidad de preparar más ya que solo ellos dos conformaban el núcleo familiar. Él era hijo único y su padre había muerto cuando él tan solo tenía 10 años. Había batallado durante 8 meses contra un cáncer que al final de cuentas le ganó la batalla. 

Cuando su madre entró en la cocina, el café ya estaba listo. Él estaba por terminar su desayuno y disfrutar de su taza de café mientras veía las noticias. 
- Buenos días mama. 
- Buenos días mijo, ¿qué tal la corrida? 
- Bien, como siempre. Hoy vi menos gente corriendo que de costumbre, como que las chamarras se les pegaron. 
- Hay vos, yo debería de hacer ejercicio, mirame estas lonjas hombre. 
- Ya te dije, salí aunque sea a caminar eso ayuda y dejá de comer tanta cochinada de la calle. Mejor buscate una cafetería donde vendan comida más nutritiva. 
- Me sale más caro. 
- Yo te pago la diferencia. 

El presentador de las noticias interrumpió la conversación entre madre e hijo para dar los pormenores de la masacre ocurrida en la sala de cine durante el estreno de la película en Estados Unidos. 
- ¿Ya escuchaste eso mama? Locos esos gringos vaa. 
- Ay sí mijo, que bueno que aquí no hay de esos locos como allá. 
- No hay de esos pero fácil lo matan a uno en cualquier lado. Ya no puede andar uno tranquilo, siempre hay que estar ojo al Cristo. 
- Ahí si tenés razón, ya ves porqué siempre te hecho la bendición. Para que Diosito te proteja. 
- Tan chula mama, bueno, buen provecho. Me voy a bañar que ya me tengo que ir. 
- Vaya mijo. ¿Vas a venir a comer hoy? 
- Hoy no mama, de la oficina me voy a ir a la casa de mi novia que tenemos ratos de no vernos y vamos ir a cenar. 

Al llegar a la oficina los temas de conversación se centraron en la matanza en la sala de cine. Todos comentaban lo mismo. Algunos recordaron la masacre de Columbine, otros la de Virginia Tech. Algún amante de la mercadotecnia puso en tela de duda el éxito taquillero de dicha película por la “mala propaganda” que esa persona desquiciada le ha dado al filme. Estaban todos en plena tertulia cuando apareció el jefe. Era más que obvio que la conversación había llegado a su fin. Debían ahora ir a sus lugares de trabajo a realizar las labores por las cuales se ganaban el sueldo. 

A la hora del almuerzo nuestro personaje salió a comer con su grupo de amigos de la oficina, como era costumbre los días viernes. Dichos almuerzos no solo servían para saciar el hambre, sino más bien era una especie de terapia grupal. Era un ambiente abierto a cualquier tema de conversación, ya sea de asuntos laborales o personales. También era un buen momento para lanzar uno que otro insulto en contra del jefe, sin que éste se llegara a enterar. 

Uno de los amigos propuso ir en la noche a degustar unas cuantas cervezas, (entiéndase, salirse a colocar una buena borrachera entre colegas). Nuestro personaje fue el primero en negar la propuesta. No le interesaba embriagarse esa noche. Era la noche que vería a su novia luego de un tiempo mínimamente extenso. - Te tienen de un huevo vaa vos. – dijo quien hacía dos meses volvió a frecuentar al grupo de amigos luego de un noviazgo que duró poco más del año y donde la novia le había vetado el derecho de salir con sus amigotes. El tiro le salió por la culata, pues todas las bromas se dirigieron hacia él. 

Finalmente, dieron las cinco de la tarde. Al momento que el reloj marcó las cinco con cinco, nuestro personaje ya estaba adentro de su carro, cambiado y bien perfumado para ir a la casa de su novia. Le tomó una hora y media llegar a su destino. Todo porque alguien tuvo la brillante idea de matar a un piloto sobre la Aguilar Batres, ocasionando largas colas. Ese día había sido un caos total. Colas de carros por todos lados, accidentes, pilotos asesinados, asaltos. Era un viernes más. 

Al fin llegó donde su novia. Se vieron, se besaron, se abrazaron, sonrieron. Entró a la casa. Saludó a la mamá de su novia y conversó con ella. Tenían muy buena relación. Jugaron con su perro. Vieron televisión y hablaron vagamente de sus actividades, tenían suficiente tiempo durante la cena para profundizar en el tema. Luego, ella se fue a cambiar, una hora de espera. Nuestro personaje aprovechó la ocasión para hablar de fútbol con el papá de su novia. Ambos eran aficionados al Municipal y compartían la indignación que la directiva le haya dado un puntapié a Chalito Romero. Finalmente, la novia estaba lista. Les esperaba una rica cena, quizás su última cena juntos. 

Llegaron al restaurante favorito de la novia. Él se había encargado de reservar una mesa con buena vista a la ciudad para darle un toque más romántico a la noche. A su ingreso notaron a un grupo de personas ya un poco pasadas de copas, armando escándalo y pidiendo más licor a gritos. – Esos deplano son narcos – decía la gente al verlos. 

Se sentaron en la mesa y ya les tenían preparada una botella de vino. El mesero le sirvió una copa a cada uno y les prometió regresar luego de un tiempo prudencial para que ellos pudieran tomar la tan difícil decisión de que platillos comer. Estaban leyendo la carta cuando un grupo armado entró al restaurante. El objetivo, los hombres ebrios que habían sido acusados de narcotraficantes. Uno de ellos se percató, desenfundó su pistola y empezó a disparar antes que a ellos les dispararan. Los atacantes eran más y mejor armados y no dudaron en descargar sus fusiles de asalto en cualquier lado que hubiera movimiento. La gente se tiró al piso. Luego de un largo minuto, - se sintió como que si la balacera duró una hora – dijo un mesero a los medios, los disparos cesaron. Los comensales empezaron a salir debajo de las mesas. Hubo quienes ya no pudieron hacerlo. 

Esa noche murieron ocho personas en ese restaurante. Seis de ellos era el grupo de ebrios escandalosos que efectivamente estaban ligados con un grupo de narcotraficantes. Otro de los muertos fue uno de los atacantes. El octavo, nuestro personaje. 

A la mañana siguiente en la primera plana de los medios salió la masacre en el restaurante famoso. Los titulares nombraron ese viernes como el más violento del año. En total, hubo 23 asesinatos en diferentes hechos ese día y 2 cuerpos fueron hallados mutilados. 

Hoy se cumple un año de aquel trágico incidente. En los periódicos se resalta la noticia que cientos de ciudadanos estadounidenses llevaron flores a la sala de cine donde había ocurrido la terrible masacre. En algún medio escrito dicha noticia llegó a primera plana. En ninguno se recordó la jornada violenta en nuestra ciudad de hace un año. Nadie llevó flores al restaurante. 

La tumba de nuestro personaje fue visitada y adornada de flores por su madre. También la visitó su novia, acompañada de su nueva pareja. Llevan dos meses apenas de noviazgo. Ella le llevó flores y él, un tanto celoso por el recuerdo del ex, la consoló en todo momento. El próximo año su madre repetirá el ritual, su novia, ya no.

jueves, 26 de julio de 2012

Índice de Felicidad

Hace poco se publicó la tercera edición del “Índice Planeta Feliz” en el cuál, sorprendentemente Guatemala ocupa la 10ª posición. En las dos veces anteriores Guatemala ocupó la 6ª y 4ª plaza, respectivamente.

Al leer los comentarios de los lectores en internet se puede apreciar un general rechazo a los resultados arrojados por dicha encuesta. En su mayoría argumentan que los resultados son falsos ya que este es un país en el que la incertidumbre de que si vas a volver con vida a tu casa es enorme, tan así que se vive en un estado de paranoia (aunque me gusta creer que esa paranoia es exclusiva de la ciudad).

En realidad ellos no dejan de tener razón. Es realmente contradictorio que un país sumido en la pobreza, en la desigualdad social y sobre todo bajo las garras de gente corrupta que se niega a salir del poder. Pero me pregunto yo ¿acaso este no es el país de los contrastes? Tan solo hay que ver adentro de la ciudad. Colonias cerradas por garitas con agentes de seguridad privada en las que habitan los más adinerados del país; y a menos de 100 metros, gente que vive en barrancos, poniendo su vida en peligro por los deslizamientos y encima de todo conviviendo con delincuentes.

Algo que me llamó la atención de dicho índice no es tanto la posición que ocupa Guatemala, sino que se bajaron 6 puestos con respecto a los resultados anteriores. Esto me da a entender que finalmente la frustración está afectando a nuestra gente y el inconformismo de la gente que se queja que estemos dentro de los primeros lugares ha contaminado a cierta parte de la población que hace 2 años era más feliz.

Hay que ponernos a pensar que es lo que realmente hace feliz a una persona. Por lo menos a mi me hace feliz poder compartir con mis seres queridos, admirar paisajes, estar en contacto con la naturaleza, cosas simples. Si le preguntamos a la gente del interior quizás dirán que tener alimento al final del día los hace felices. O a la gente de las áreas marginales de la ciudad les causará felicidad no ser asesinados ese día o que todos sus familiares sigan con vida. En fin, no son las cosas materiales las que definen la felicidad.

Entre los comentarios alguien dijo “la ignorancia es la felicidad absoluta”. Quizás no es la ignorancia. Me gustaría pensar que la causa de felicidad es un poco de bienestar. Ahora debemos reflexionar. ¿Realmente nos preocupamos por las cosas correctas? ¿Tener más cosas materiales es sinónimo de felicidad?

Yo creo que mas de que alegar porque ocupamos un buen puesto en dicho índice, debemos de alegrarnos porque los guatemaltecos no hemos perdido lo que nos caracteriza, nuestro calor fraternal.

miércoles, 25 de julio de 2012

Gogol Bordello

Entonces para retomar la variedad empezaré con una recomendación musical. Hoy les presento al grupo de Punk Gitano (Gipsy Punk), Gogol Bordello. Es un grupo formado en Manhattan, pero no podría decirse que son estadounidenses ya que sus integrantes son de varias partes del mundo. Sus presentaciones en vivo son enérgicas. Sus letras invitan a derribar las divisiones de la humanidad que las fronteras políticas nos imponen. Aquí les dejo el tema "Immigraniada", disfruten.

De Regreso al Blogging

Bueno, han pasado poco más de 3 años desde que escribí mi última entrada en este blog. Los últimos días me entró un afán por querer escribir cosas que veo a diario o vivencias o que vi un bicho perdido por mi cuarto, en fin escribir cosas variadas. En eso en un momento de reflexión en la regadera me recordé que algún día abrí este blog y decidí retomar el hábito de la escritura. Espero mantenerlo actualizado.

El tiro será lo mismo. Hablar de cualquier cosa.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Las deliciosas mieles del poder

Dentro de las necesidades fundamentales del ser humano se encuentra el deseo de reconocimiento por parte de los demás. Cuando se llega a cumplir esta necesidad se puede decir que tenemos algún grado de poder sobre las personas que nos ven con cierta admiración. Si nosotros no logramos manejar ese leve poder, podemos llegar a perder ese reconocimiento y llegar al extremo de ser repudiados por nuestros semejantes.

Es algo natural en los seres humanos la búsqueda de cierto poder dentro de nuestro entorno. Me doy la libertad de afirmar, sin temor a equivocarme, que en las aspiraciones de cada uno de nosotros no se encuentra ser una persona a la cual la deben de guiar toda su vida, al contrario, buscamos ser autónomos y en ciertos aspectos de nuestra vida queremos ser los jefes. Ser jefe, a mi parecer, implica tener cierto grado de poder sobre alguien más.

El poder es algo que está presente en casi todas las actividades cotidianas. Nuestros padres tienen cierto poder sobre poder sobre nosotros, los hermanos mayores ejercen poder sobre los menores, un gerente de una empresa tiene el poder de dirigir tareas dentro de una organización. En fin, en cualquier parte que volteamos a ver, podemos percibir que las actividades son consecuencia del ejercicio del poder de una persona sobre otra.

Tener esta ventaja sobre otras personas puede llegar a ser tan tentador que fácilmente perdemos la noción de nuestros valores. Esto suele verse comúnmente dentro de la política. Los funcionarios tienen el poder de controlar fondos, los cuales los utilizan a su beneficio y se ingenian la manera de ese dinero llegue a sus bolsillos. También han buscado la manera de obtener un poder que les permite infringir las leyes, sintiéndose ellos en una posición por encima de la ley.

Pero los políticos no son los únicos que se ven corrompidos por el poder. Existen sacerdotes que aprovechan su posición como representantes de Dios para saciar necesidades sexuales, llevando a niños y mujeres, con engaños, a una posición en la cual se ven obligados a cumplir con las exigencias de los curas. Este fenómeno no es ajeno al seno familiar. Hay padres de familia que abusan de sus hijos, los golpean, los explotan, todo porque ellos así lo desea, porque se sienten en una posición que su palabra es ley. Incluso un inocente niño puede probar las mieles del poder. Cuantas veces no presenciamos a la hora del recreo que el dueño de la pelota expulsaba o no dejaba que alguien no participara en la ansiada “chamusca” todo porque a él no le agradaba. Y ay de aquel que le cuestione su criterio porque iría observar el partido con el niño al que le negaron la participación.

En fin, todos estamos expuestos a ser corrompidos si no sabemos manejar el poder que en algún logramos adquirir. Es por esta razón que tenemos que estar siempre conscientes que a la larga todos los humanos somos iguales. Todos gozamos con los mismos derechos, sin importar la religión, cultura, color, orientación sexual, nacionalidad, status social, etc. A medida que vayamos comprendiendo este concepto tan sencillo, (pero al parecer muy difícil de comprender) podremos ser capaces de canalizar nuestro poder para guiar a las personas a actuar de buena manera.

Actualmente estamos sufriendo las consecuencias de un poder mal ejecutado. Estamos viviendo en una inmensa crisis, no solo económica, sino que social y ambiental, debido a que las personas con poder no lo han sabido manejar. Creo que ya nos hemos dado cuenta que el rumbo que hemos llevado no es el correcto y necesitamos de gente con el poder de corregir el rumbo. Pero no debemos esperar que sea alguien más el que nos guíe. Nosotros mismos podemos ser las directrices del cambio. Todos los humanos tenemos el poder de cambiar nuestro entorno y ese poder debe de ser el que mejor debemos ejecutar.

Concluyendo, hay que recordar que nadie está sobre nadie en esta vida. Al final de cuentas todos seremos lo mismo, cenizas regadas en la tierra. Lo que hace a una persona más poderosa que las demás es la habilidad de saber ejecutar ese poder. Por eso tengamos siempre en mente de actuar de buena manera y tener presente que el poder nos puede corromper.

viernes, 20 de marzo de 2009

Implicaciones socio-ambientales del desarrollo

América Latina se ha caracterizado por tener un pensamiento dominante de un desarrollo el cual deja totalmente de lado el área social y no se diga el área ambiental. Esto se debe, a mi parecer, a que los países “del primer mundo” hacen de nuestro territorio su patio trasero. Aquí ellos han tenido la libertad de arrasar con nuestros bosques y apoderarse de nuestras tierras.


Es muy cierto que la presencia de ellos ya no es tan notoria como en el pasado, pero ese pensamiento de depredadores, lamentablemente, fue transmitido a la gente que habitamos en América Latina. En nuestros países el desarrollo ambiental es algo con lo que apenas empezamos a soñar no hace mucho y ahora nos encontramos con el gran problema que no solo tenemos que luchar por la preservación de nuestros recursos, sino que tenemos que recuperarlos, cuestión que requiere de una gran inversión de dinero.

Esta recuperación de nuestros recursos naturales tiene que empezar por romper paradigmas. ¿A qué paradigmas me refiero? El principal es la creencia que la naturaleza es una fuente ilimitable de recursos. Otro gran obstáculo es que no existe una voluntad política de mejorar la situación ambiental, se cree que el ambiente no es la mayor prioridad, de primero se deben de cubrir los problemas de seguridad, pobreza, salud, etc. Pero hay que responder a la siguiente pregunta, ¿acaso el deterioro ambiental y social no es causante de esos problemas?
Entre las consecuencias de este “desarrollo económico” exclusivo es la gran desigualdad que se ha generado. Las riquezas no están distribuidas de manera equitativa. Por ejemplo, en Guatemala, según estimaciones del PNUD, el 2% de la población es dueña del 72% de la tierra agrícola y más fértil, 87%, tienen apenas el 15 % de la tierra y la mitad de hogares rurales son campesinos sin tierra o poseen menos de una hectárea, con niveles altos de pobreza. Y ni hablar del deterioro ambiental en Guatemala. Basta con decir que Guatemala pierde anualmente 73,148 hectáreas de bosque por distintas causas entre las que sobresalen las actividades del ser humano.

¿Y todo esto que tiene que ver con los problemas “principales” de nuestro país? La pérdida de nuestros bosques genera un deterioro de los suelos, volviéndolos cada vez menos fértiles, y cómo los suelos más afectados pertenecen a las personas con menos recursos, su condición económica se agrava ya que no pueden saciar las necesidades del mercado agrícola porque sus cosechas no son suficientes. Las condiciones insalubres aumentan con el deterioro ambiental. La contaminación de ríos y lagos genera una gran cantidad de enfermedades, ¿adivinen quienes son los más afectados? Pues claro, la gente más pobre del país.

Con problemas de salud y económicos lo único que le queda a esa gente es buscar otras vías para poder mantenerse, por lo general lo encuentran emigrando a otros países o hacia la ciudad capital, o bien incurriendo a actos desesperados cayendo en la ilegalidad y el crimen.

Es por ello que ahora más que nunca se necesita adoptar medidas que fomenten el desarrollo sustentable, y así lograr un balance entre lo económico, social y ambiental. Pero esto no implica solamente cuidar estos aspectos. Se necesita aprovechar las herramientas que el desarrollo económico y tecnológico nos ha dejado, dándoles un enfoque más humanitario. Otro gran factor es la inclusión de la población. Si la población se siente parte del desarrollo este llegará más fácil porque tendrá mas actores. Es más fácil que todos rememos en este barco hacia una misma dirección, para llegar a nuestro objetivo, que cada uno vaya por su lado. La idea de todo esto es que nosotros tengamos una vida digna, dejándole a las futuras generaciones una mejor.

martes, 17 de marzo de 2009

¿Tenemos derecho a decidir sobre nuestra muerte?

Hablar de la eutanasia en cualquier lugar donde uno se encuentre, por lo general, causa serias discusiones con opiniones divididas, pudiendo generar un conflicto entre las personas que participan en la conversación. Si este tema puede llegar a tener tal efecto en una conversación de amigos o en un salón de clases, imaginémonos lo que causa cuando llega a un juzgado un caso que trata sobre la eutanasia.
Este tema genera tal polémica debido a que se trata de la vida de los seres humanos, mejor dicho, de la muerte de seres humanos. ¿Qué otro tema puede generar tanto temor en un hombre más que la muerte? Creo que ningún otro.
Para poder ahondar más en el tema quisiera definir qué es la eutanasia. Según el Diccionario de la Real Academia Española se define cómo la “acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte con su consentimiento o sin él”. También está definida etimológicamente como “una muerte digna”.
Por lo general, las personas que sufren algún padecimiento terminal o muy doloroso recurren a esta acción para ponerle fin a su dolor. Las personas que más recurren a la práctica de la eutanasia son los pacientes con cáncer muy avanzado o SIDA. Pero existen otros casos que generan más polémica y son aquellos que tratan sobre personas con muerte cerebral y que su “vida” depende de mantenerse conectados a máquinas para que ellas lleven a cabo las funciones de su cuerpo. Quizás estos casos llegan a causar tanta polémica por el hecho que los familiares deciden ponerle fin a la vida del paciente y no él mismo.
Cuando se habla de la eutanasia, inmediatamente se habla del tema del derecho a la vida. Según la Declaración Universal de los Derechos Humanos “todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Muchos defensores de los derechos humanos están en contra de la práctica de la eutanasia fundamentándose en el hecho que dicha acción está atentando contra el derecho a la vida de la persona. Si nos basamos en los derechos humanos, entonces dónde queda nuestro derecho a la libertad, la libertad de poder ponerle fin a nuestra vida voluntariamente.
Este año trascendió el caso de la italiana Eluana Englaro, de 37 años de edad, que pasó 17 años de su vida en estado vegetativo y finalmente el 9 de febrero del 2009, con todo un alboroto provocado por el caso, murió. Este caso volvió a despertar discusiones acerca del derecho a la vida como lo hizo el caso de Terri Schiavo en el 2005, que pasó 15 años en estado vegetal irreversible.
Aún recuerdo la acalorada discusión que tuve con mi maestra de religión en el colegio acerca de ese caso. Ella, firme en su pensamiento, defendiendo la postura de la Iglesia Católica, de estar en total desacuerdo con la eutanasia y yo, insistente con que lo más digno era dejarla morir. La discusión se generó debido a que dentro del contenido del curso se encontraba el tema de la eutanasia, según la postura de la Iglesia Católica claro está. La programación del tema coincidió con la época en que el caso de Terri Schiavo se encontraba en plena discordia en todo el mundo. Ella dio su clase teórica explicando los tipos de eutanasia existentes y el porqué la Iglesia Católica se opone fervientemente a ella. En ese momento, ella nos compartió su opinión y pidió la participación de la clase. Varios de mis compañeros coincidieron con ella que no era justo privar de la vida a una persona y que sólo Dios, así como tiene el poder de dar vida, es el único que la puede quitar. Yo levanté mi mano para pedir la palabra y se me fue concedido el derecho a expresar mi opinión. Expliqué, que a mi parecer, el estar conectado a una máquina no era estar vivo, la máquina es la que nos mantiene vivos. Al escuchar mi pensamiento ella se opuso rotundamente y cada palabra que yo decía a favor de la eutanasia ella, la rechazaba sin decir más. En ese punto me di cuenta que estaba de más seguir con una conversación que no llegaría a nada, ya que ni ella ni yo íbamos a ceder en nuestros pensamientos.
Algo que pude concluir de la conversación fue la visión tan radical que puede llegar a generar la postura de la Iglesia en sus fieles. A mi parecer la Iglesia no tiene el derecho a decidir sobre nuestra vida, si fuera este el caso se estaría atentando contra nuestro derecho a la libertad. Hoy en día, la Iglesia ya no tiene el poder de gobernar y, por lo tanto, su postura ante el tema no es más que una opinión, pero por el hecho de ser una institución con muchos seguidores, su opinión llega a influenciar a gran parte de ellos.
Si las iglesias se oponen a dicha práctica es porque Dios le regala la vida al hombre y este debe tratarla como el bien más preciado que tiene, agradeciéndole y sirviéndole por dicho regalo. Entonces, si uno renuncia a dicho regalo, prácticamente está renunciando a Dios.
La verdad, la eutanasia es uno de los temas en que más difiero con la Iglesia Católica. Viéndolo desde un punto de vista religioso, el hecho de que uno esté postrado en una cama, inconsciente, sin tener razón alguna, sólo está aferrando el alma a la Tierra y no la deja libre para emprender el último viaje. Entonces, si las personas deben de servirle a Dios, cómo podrán hacerlo si están inconscientes o cómo podrán llegar a su encuentro con Dios si una máquina se los está impidiendo.
Mi postura ante la eutanasia es clara. ¡A FAVOR DE ELLA! Me pongo a pensar, ¿acaso sería vida estar conectado a una máquina sin la cual no puedo vivir y por si fuera poco no puedo disfrutar de las bellezas del mundo porque estoy totalmente incapacitado de mis facultades? Definitivamente eso no sería vida. Aprovecho estas líneas para dejar dicho: Si algún día quedo en estado vegetativo, POR FAVOR no dejen que una máquina me mantengan aferrado a esta vida. Sería mejor que nunca me llegaran a conectar, pero si lo llegan a hacer, desconéctenla de mí. Mis razones para pedir eso, pues qué otra razón que no poder estar con mis seres queridos, no poder disfrutar los placeres de la vida, no poder abrir mis ojos y admirar los paisajes, no poder decidir sobre mi vida. Vivir con todas esas limitaciones simplemente no sería llevar una vida para mí. Así como los derechos humanos protegen el derecho a la vida de los hombres, también defienden la dignidad humana y para mí no sería digno vivir de esa manera. Si respetamos el derecho a la vida, creo que debemos de respetar el derecho a morir de las personas.